Cuando tu propia alma se vuelve en tu contra... ¿Qué puedes hacer?
[Prólogo]
Un muchacho de 17 años alto, delgado, con el cabello moreno y recogido en una coleta larga baja, y ojos azules, se alzaba en un paisaje desolado. Su nombre: Hikaru Fujimoto. En su mano tenía una cinta de pelo roja raída a la cual observaba.
- ¿Por qué? - no dejaba de preguntarse.
En su mente había el recuerdo de una muchacha a la que jamás podría olvidar, por el simple hecho de ser la persona a la que mas amaba.
[Capítulo 1: El día de los hechos]
Hikaru dormía plácidamente en su futón. Se despertó puntualmente, como de costumbre. Bostezó, se vistió y se fue a desayunar, medio dormido, como siempre, vigilado por las miraditas de extrañez de su hermana Yui. Cuándo terminó, se levantó de la mesa y dijo:
- Me marcho. Volveré después.
Acababa de salir de la casa cuando una voz a lo lejos lo llamó un par de veces por su apellido. Hikaru se volvió entonces.
- ¡Saito!
Se trataba de su amigo Kouta Saito, un muchacho mucho más alto que él, de cabello castaño arenoso y recogido en una coleta mucho más corta que la de Hikaru. Sus ojos eran hermosos, y de un color avellana. Era delgado, y llevaba su torso estaba tapado por su peculiar "armadura de samurái" de tela elástica.
Hikaru vio a su amigo jadear y esperó un poco para preguntarle qué quería.
- ¿Que qué quiero? ¡Pues que dicen que hay una chica hermosísima por ahí! ¡Vamos a buscarla! - dijo Saito maravillado.
Hikaru, con expresión atónita, dijo:
- Creo que a ti te ha robado el cerebro un kitsune. A ver, Saito, ¿qué afición tienes tú por las mujeres? Siempre buscando alguna mujer hermosa para yo qué sé que quieras hacer.
- Las mujeres son bonitas y me gustan mucho. Y las mujeres no se resisten a una pareja de hombres atractivos cómo nosotros formando el yaoi más perfecto - dijo el aún más maravillado.
- Ya te dije que no formaría parte de ese plan absurdo.
- Pero si lo hiciéramos seríamos más populares con las mujeres, y caerían rendidas a nuestros pies... - contestó cada vez maravillándose más.
Hikaru no podía comprender lo que pasaba por la mente de su amigo, así que lo dejó charlando solo de lo mucho que le gustaban las mujeres y de lo que ganarían formando una pareja yaoi. Se acercó al río, dónde estaba su hermana Yui tirando piedras. Tenía 12 años, y tenía el cabello pelirrojo, recogido en 2 coletas bajas totalmente tiesas debido al fuerte vendaje que se hacía. Sus ojos eran grandes y de color miel. Su rostro y su cuerpo, no revelaban demasiada feminidad en ella, por lo que a veces la tomaban por un niño.
- ¿Qué haces, Yui? - preguntó, curioso, Hikaru.
- Me aburro mucho, hermano. He intentado hacer ondas en el agua, pero no me salen - dijo apenada.
- Yo te enseñaré - dijo sonriendo. Cogió una piedrecita y cuando fue a lanzarla, tropezó y cayó al suelo.
- Eres torpe, hermano.
- Quizás - dijo él sonriendo.
Pasó un rato intentando ayudar a su hermana a hacer ondas en el agua. Después llegó la tarde, y decidió dar un paseo. Fue al bosque, y allí es dónde abriría sus ojos a los sentimientos de su interior. Escuchó un chapoteo y se asomó a través de los árboles. Vio a una mujer, hermosa, que salía del agua. Pero entonces la muchacha lo vio.
- ¡Kyaaaaaaaaaaaaaa! - gritó ella intentando taparse lo más posible su cuerpo con una toalla.
Tras aquello, Hikaru, se sonrojó tanto, que su cara estaba completamente roja.
- ¡Lo siento mucho! - le dijo con los ojos completamente cerrados.
Se giró y se puso detrás de un árbol, de espaldas a la chica, esperando a que se vistiera para volver a disculparse. Sintió muchísima vergüenza de lo ocurrido que hasta le entraron calores en el cuerpo, y pensó que lo más posible es que ella pensase que era un pervertido, un mirón.
Espero pacientemente y entonces escuchó una voz femenina algo ruda.
- Ya puedes salir de ahí.
Salió apresuradamente de su escondite, y entonces vio con más claridad a la muchacha que había ante él. Era más hermosa de lo que Hikaru había visto antes. Sus ojos de color verde azulado lo miraban con algo de enfado. Su cabello era largo y castaño, y su piel era algo blanca.
- Lo siento mucho, si hay algo que pueda hacer... - dijo el muchacho, pero se interrumpió por la mirada acusadora de ella.
- No tienes que hacer nada - le contestó con rudeza.
- Mi nombre es Fujimoto, ¿y el suyo es...?
- Yamamoto - dijo ella con la cabeza alta. Después, cogió un báculo que había a su lado, y se perdió en la oscuridad.
Hikaru volvió a su casa algo extrañado por lo ocurrido. Al abrir la puerta se encontró con su hermana Harumi, la más pequeña de la familia.
- Bienvenido, hermano - dijo inclinándose.
Hikaru sonrió, y Harumi dejó que le acariciara la cabeza. Tenía 8 años, su cabello era rubito claro, y sus ojos grises expresaban una pureza infinita.
Hikaru recorrió el pasillo, y entró en una habitación. Se arrodillo delante de un cuadro con el nombre de su familia, y le rezó a su padre.
- Por favor, padre, deseo usar la Kurogane.
Kurogane era el nombre de la espada de la familia, llamada así porque el acero de la hoja era totalmente negro.
- Tu padre jamás quiso que se usara más la Kurogane - dijo una voz.
Hikaru se volvió y vio a su madre. Madre e hijo eran completamente iguales.
- Madre, lo entiendo, pero quiero usarla. Necesito proteger a las 3 - dijo refiriéndose a sus hermanas y a ella.
- Está bien, Hikaru. La Kurogane está en el templo. Puedes ir a buscarla.
Hikaru abrazó a su madre y fue al templo de la familia.
Buscó y buscó, pero la espada no aparecía. Entonces la encontró en una de las estanterías.
- Aquí estabas - dijo.
Entonces se percató de algo extraño. Había un armario en el templo, y era la primera vez que lo veía. Hikaru se acercó y lo abrió. Un espantoso olor salió del interior, junto con un humo negro que lo rodeó a él y a la espada. Hikaru comenzó a encontrarse mal. Se mareó y cayó al suelo, inconsciente.
[Fin del Capítulo 1]
[Prólogo]
Un muchacho de 17 años alto, delgado, con el cabello moreno y recogido en una coleta larga baja, y ojos azules, se alzaba en un paisaje desolado. Su nombre: Hikaru Fujimoto. En su mano tenía una cinta de pelo roja raída a la cual observaba.
- ¿Por qué? - no dejaba de preguntarse.
En su mente había el recuerdo de una muchacha a la que jamás podría olvidar, por el simple hecho de ser la persona a la que mas amaba.
[Capítulo 1: El día de los hechos]
Hikaru dormía plácidamente en su futón. Se despertó puntualmente, como de costumbre. Bostezó, se vistió y se fue a desayunar, medio dormido, como siempre, vigilado por las miraditas de extrañez de su hermana Yui. Cuándo terminó, se levantó de la mesa y dijo:
- Me marcho. Volveré después.
Acababa de salir de la casa cuando una voz a lo lejos lo llamó un par de veces por su apellido. Hikaru se volvió entonces.
- ¡Saito!
Se trataba de su amigo Kouta Saito, un muchacho mucho más alto que él, de cabello castaño arenoso y recogido en una coleta mucho más corta que la de Hikaru. Sus ojos eran hermosos, y de un color avellana. Era delgado, y llevaba su torso estaba tapado por su peculiar "armadura de samurái" de tela elástica.
Hikaru vio a su amigo jadear y esperó un poco para preguntarle qué quería.
- ¿Que qué quiero? ¡Pues que dicen que hay una chica hermosísima por ahí! ¡Vamos a buscarla! - dijo Saito maravillado.
Hikaru, con expresión atónita, dijo:
- Creo que a ti te ha robado el cerebro un kitsune. A ver, Saito, ¿qué afición tienes tú por las mujeres? Siempre buscando alguna mujer hermosa para yo qué sé que quieras hacer.
- Las mujeres son bonitas y me gustan mucho. Y las mujeres no se resisten a una pareja de hombres atractivos cómo nosotros formando el yaoi más perfecto - dijo el aún más maravillado.
- Ya te dije que no formaría parte de ese plan absurdo.
- Pero si lo hiciéramos seríamos más populares con las mujeres, y caerían rendidas a nuestros pies... - contestó cada vez maravillándose más.
Hikaru no podía comprender lo que pasaba por la mente de su amigo, así que lo dejó charlando solo de lo mucho que le gustaban las mujeres y de lo que ganarían formando una pareja yaoi. Se acercó al río, dónde estaba su hermana Yui tirando piedras. Tenía 12 años, y tenía el cabello pelirrojo, recogido en 2 coletas bajas totalmente tiesas debido al fuerte vendaje que se hacía. Sus ojos eran grandes y de color miel. Su rostro y su cuerpo, no revelaban demasiada feminidad en ella, por lo que a veces la tomaban por un niño.
- ¿Qué haces, Yui? - preguntó, curioso, Hikaru.
- Me aburro mucho, hermano. He intentado hacer ondas en el agua, pero no me salen - dijo apenada.
- Yo te enseñaré - dijo sonriendo. Cogió una piedrecita y cuando fue a lanzarla, tropezó y cayó al suelo.
- Eres torpe, hermano.
- Quizás - dijo él sonriendo.
Pasó un rato intentando ayudar a su hermana a hacer ondas en el agua. Después llegó la tarde, y decidió dar un paseo. Fue al bosque, y allí es dónde abriría sus ojos a los sentimientos de su interior. Escuchó un chapoteo y se asomó a través de los árboles. Vio a una mujer, hermosa, que salía del agua. Pero entonces la muchacha lo vio.
- ¡Kyaaaaaaaaaaaaaa! - gritó ella intentando taparse lo más posible su cuerpo con una toalla.
Tras aquello, Hikaru, se sonrojó tanto, que su cara estaba completamente roja.
- ¡Lo siento mucho! - le dijo con los ojos completamente cerrados.
Se giró y se puso detrás de un árbol, de espaldas a la chica, esperando a que se vistiera para volver a disculparse. Sintió muchísima vergüenza de lo ocurrido que hasta le entraron calores en el cuerpo, y pensó que lo más posible es que ella pensase que era un pervertido, un mirón.
Espero pacientemente y entonces escuchó una voz femenina algo ruda.
- Ya puedes salir de ahí.
Salió apresuradamente de su escondite, y entonces vio con más claridad a la muchacha que había ante él. Era más hermosa de lo que Hikaru había visto antes. Sus ojos de color verde azulado lo miraban con algo de enfado. Su cabello era largo y castaño, y su piel era algo blanca.
- Lo siento mucho, si hay algo que pueda hacer... - dijo el muchacho, pero se interrumpió por la mirada acusadora de ella.
- No tienes que hacer nada - le contestó con rudeza.
- Mi nombre es Fujimoto, ¿y el suyo es...?
- Yamamoto - dijo ella con la cabeza alta. Después, cogió un báculo que había a su lado, y se perdió en la oscuridad.
Hikaru volvió a su casa algo extrañado por lo ocurrido. Al abrir la puerta se encontró con su hermana Harumi, la más pequeña de la familia.
- Bienvenido, hermano - dijo inclinándose.
Hikaru sonrió, y Harumi dejó que le acariciara la cabeza. Tenía 8 años, su cabello era rubito claro, y sus ojos grises expresaban una pureza infinita.
Hikaru recorrió el pasillo, y entró en una habitación. Se arrodillo delante de un cuadro con el nombre de su familia, y le rezó a su padre.
- Por favor, padre, deseo usar la Kurogane.
Kurogane era el nombre de la espada de la familia, llamada así porque el acero de la hoja era totalmente negro.
- Tu padre jamás quiso que se usara más la Kurogane - dijo una voz.
Hikaru se volvió y vio a su madre. Madre e hijo eran completamente iguales.
- Madre, lo entiendo, pero quiero usarla. Necesito proteger a las 3 - dijo refiriéndose a sus hermanas y a ella.
- Está bien, Hikaru. La Kurogane está en el templo. Puedes ir a buscarla.
Hikaru abrazó a su madre y fue al templo de la familia.
Buscó y buscó, pero la espada no aparecía. Entonces la encontró en una de las estanterías.
- Aquí estabas - dijo.
Entonces se percató de algo extraño. Había un armario en el templo, y era la primera vez que lo veía. Hikaru se acercó y lo abrió. Un espantoso olor salió del interior, junto con un humo negro que lo rodeó a él y a la espada. Hikaru comenzó a encontrarse mal. Se mareó y cayó al suelo, inconsciente.
[Fin del Capítulo 1]
Nota: Emmm... Si tenéis alguna duda sobre el capítulo, me lo decís. ^^'
Que divertido al principio el capitulo n_n me gusto mucho y luego se volvio muy interesante n_n esta muy bueno muy bien n_n espero con mucho entusiasmo ver el proximo y el proximo y asi captulos n_n Mariam Angelus kissssussss
ResponderEliminar¡Gracias, Fye-san!^^
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